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EDICIONES 2010/11/12/13
 
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Saber elegir lo que comemos
Autora: Lic. Ruth Ricciardi

Los alimentos son clave para alcanzar una vida más saludable
¿Estamos en condiciones de afirmar que nuestra dieta es saludable? Repasemos algunas claves que nos pueden ayudar a elegir mejor y a conformar una dieta que contenga los nutrientes esenciales que necesitamos.

Si bien es cierto que las comidas que elaboramos y consumimos no siempre son sanas, podemos mejorarlas en aspectos que hacen a la calidad y nutrientes que nos aportan, eligiendo mejor lo que compramos sin incrementar nuestro presupuesto. Para ello necesitamos repasar qué comemos pero, sobre todo, cómo elegimos los alimentos base de nuestra dieta diaria.
Reconozcamos que una alimentación saludable es aquella que aporta todos los nutrientes esenciales en cantidad y calidad, proveyéndonos la energía que cada uno de nosotros necesita para mantenerse sano, vital y activo.
En este sentido, cuándo incorporamos a la dieta alimentos sanos,estos nos aportan nutrientes esenciales para una dieta nutritiva.

Reconozcamos que una alimentación saludable es aquella que aporta todos los nutrientes esenciales en cantidad y calidad, proveyéndonos la energía que cada uno de nosotros necesita para mantenerse sano, vital y activo

De cualquier modo, una dieta saludable no sólo depende de una elección correcta de alimentos, sino también influyen los factores económicos y los hábitos culturales, entre otros.
Pensemos –también- qué lugar nos toca como consumidores. Nuestro compromiso sobre todo es exigir una mayor presencia de alimentos saludables y accesibles en el mercado, acordes a una canasta familiar que debe cubrir las expectativas fijadas en calidad y cantidad de nutrientes para una alimentación saludable.
Esto sólo se alcanza si logramos una mayor oferta de alimentos, con un Estado que controle precios y aliente la producción, comercialización y abaratamiento de los mismos, promoviendo aquellos productos beneficiosos para la salud y que son inaccesibles en la dieta de miles de argentinos.

Por otro lado, es preciso detenerse -por un instante- y pensar si nuestra dieta se nutre de la creciente oferta de alimentos elaborados con alto contenido en sal, de aceites hidrogenados, bebidas y refrigerios azucarados. La decisión y selección de aquello que compramos –cuando podemos elegir- nos dá la posibilidad de adoptar medidas como consumidores para promover la reducción de estos productos y sustituirlos por otros más saludables.

 
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Necesitamos que nuestro aporte ciudadano contribuya a facilitar la disponibilidad y a regular la existencia en el mercado, no sólo de alimentos más saludables sino también más accesibles

Un factor excluyente en la conformación de nuestra canasta de alimentos lo constituyen los precios. Estos influyen directamente en nuestras decisiones como consumidores. Por ello, necesitamos que nuestro aporte ciudadano contribuya a facilitar la disponibilidad y a regular la existencia en el mercado, no sólo de alimentos más saludables sino también más accesibles.
Veamos de la lista que aparece a continuación cómo podemos mejorar nuestra elección:

  • Planificando las compras de los alimentos y evitando las improvisaciones, que ocasionan comidas inadecuadas.
  • Elegir alimentos frescos (frutas y vegetales de todos los colores).
  • Comer alimentos variados cada 4 o 5 horas.
  • Realizar las cuatro comidas.
  • No salir de casa sin desayunar. Evitar largos períodos en ayunas.
  • Es necesario consumir diariamente lácteos y alimentos que los incorporen.
  • Recordar que los quesos duros tienen mayor contenido en grasa.
  • Consumir frutas y verduras diariamente.
  • Es necesario almorzar, aunque nos encontremos en el trabajo.
  • Organizar una comida saludable que aporte energía y sea baja en grasas.
  • Agregar frutas o jugo de fruta en el desayuno (o en el transcurso de la mañana).
  • Incorpora en el almuerzo y la cena verduras crudas y cocidas.
  • Cocinar las verduras al vapor con cáscara y con poco agua.
  • Consumir las verduras recién peladas (o con cáscara bien lavadas).
  • Incorporar a la dieta carnes rojas y blancas retirándole la grasa visible.
  • Elegir los cortes de menor contenido graso y retirar la piel a las aves.
  • Las carnes frías son una buena opción para quienes comen fuera del hogar (y reemplazo de fiambres y embutidos).
  • Preparar las comidas con aceite preferentemente crudo y evitar la grasa para cocinar.
  • Elegir aceites puros de girasol, uva, maíz, soja, y canola.
  • Disminuir el consumo de azúcar y sal.
  • Consumir variedad de panes, cereales, harinas, féculas y legumbres.
  • Es importante, disminuir el consumo de bebidas alcohólicas.
  • Es necesario tomar agua potable durante todo el día.
  • Aprovechar las comidas para compartir el diálogo.
  • Leer los etiquetados de los alimentos y exigir la información exacta, estandarizada y comprensible sobre el contenido de los productos.

Lic. María Ruth Ricciardi
Nutricionista

  • Consultora de Fundación Bioquímica Argentina
 
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